Conferencia por D. Isaac Rilova Pérez
17 de Agosto de 2.003
Historia y tradiciones de Villegas
VILLEGAS y su secular barrio VILLAMORÓN están situados en las tierras centrales del Occidente burgalés, entre Sasamón y Villadiego.
VILLEGAS tiene una superficie de 2.400 hectáreas, aproximadamente. Limita al Norte con Villadiego; al Sur, con Sasamón; al Este con Olmos de la Picaza y Pedrosa del Páramo, y al Oeste, con Villahizán de Treviño, Sordillos y Villasidro. Su altitud es de 827 metros.
Esta zona ya es comienzo de la Tierra de Campos por la anchura y llaneza de sus ríos y arroyos, algunos tan importantes como el Duero, el Pisuerga, el Carrión, el Cea, el Esla y el Brullés.
Antes de que nuestro pueblo existiera, habían habitado estas tierras –de forma más o menos sedentaria- otras gentes:
A) ÉPOCA ANTIGUA:
1) Nómadas del Paleolítico: esta gente nómada vive de la caza de la que se alimenta y obtiene pieles para su abrigo; en función de las peculiaridades de la zona y de la proximidad del agua, adoptan fases de sedimentarismo, como en el caso de Atapuerca.
Lo mismo ocurre en el Mesolítico, o periodo de la Edad de Piedra que media entre el Paleolítico y el Neolítico; en el Mesolítico se produce la transición de la piedra tallada a la piedra pulimentada.
2) Hábitats más estables del Neolítico y de la Edad del Bronce: Hay yacimientos del Neolítico en Villadiego, y del vaso campaniforme y del Bronce Final en Padilla de Abajo.
3) Durante la Edad del Hierro –a partir del año 500 a. C.- se generalizan los asentamientos de tipo castreño y la incineración. Normalmente se tipifica el ritual haciendo que el cadáver sea quemado en una pira depositándose las cenizas en una urna que es introducida bajo tierra; en la práctica existen muchas variantes del este ritual básico: con o sin urnas, urna cineraria o de acompañamiento, con o sin ajuar, con túmulos, con estelas, etc. Atribuible a la I Edad del Hierro es la necrópolis de Villamorón.
4) Los Turmogos debieron llegar junto con los Autrigones –individuos de un antiguo pueblo celta- a principios del siglo IV a. de C. ocupando la franja central de la provincia entre el Arlanza-Arlanzón y La Brújula, hasta el Pisuerga. Es el pueblo que perdura en nuestra comarca hasta la romanización.
B) LA ROMANIZACIÓN:
Entre el 154 y el 133 a. C., que corresponde fundamentalmente con las guerras lusitanas y celtibéricas, sobre todo tras la caída de Numancia, se asiste a la consolidación de la presencia romana en la Meseta y, por tanto, en la comarca. Núcleos como Autraca o Segisama (luego Castrojeriz), Dessobriga (Melgar de Fernamental-Osorno), Deobrígula (Tardajos), Bravuum (proximidades de La Nuez) y Segisamo (Sasamón) fueron hitos importantes de la presencia y colonización romana en el Oeste burgalés.
Sasamón, además, destaca como base de operaciones de Augusto contra los Cántabros y fue lugar de asentamiento definitivo de legionarios romanos licenciados que la convirtieron en un gran centro económico, comercial y cultural. Por aquí discurría la Vía Aquitania y en dirección Norte y Sur otras vías secundarias; una de ellas, en dirección Amaya y Portus Blendium (Suances), pasaba entre Villamorón y Villahizán.
C) LA EDAD MEDIA:
Tras la efímera ocupación por los musulmanes de la Meseta Norte, en el siglo IX empiezan a bajar de las comarcas cántabras y vasconas los foramontanos, colonizadores de nuestras tierras meseteñas.
De esta forma nacen o se repueblan Amaya, Ubierna, Villadiego, Castrojeriz y Burgos.
Cuando la Economía tenía un sentido autárquico, esta enorme parte de la Meseta superior de España, conoció siglos de gran prosperidad, llegando a ser estas ciudades y villas las más ricas del Reino. Así se demuestra por el muy valioso patrimonio cultural y artístico que, a pesar de los expolios sufridos, gozamos en el día de hoy.
Esta región fue antaño un bosque cerrado de encinares y de robledos, de hayedos, olmedas y salcedas; razones políticas operaron la conversión del bosque al labrantío y la dehesa, consiguiendo unas espléndidas paneras y bodegas y un hombre de cultura agraria.
La actual personalidad de VILLEGAS tiene muy poco que ver con las circunstancias precristianas y con Celtiberia. Nuestra villa nace en el siglo IX, en un momento concreto de ese doble fenómeno que llamamos Reconquista y Repoblación y que en las orillas del río Brullés se acabó después del año 880.
En esta época, el Conde Diego Rodríguez funda una Villa bien defendida a la que da su nombre: Villadiego. Castilla llevaba quince años caminando, desde el 15 de Septiembre del año 800, en el Valle de Mena. En el año 850, Castilla está en los páramos y el rey de Oviedo envía un Conde para que la dirija. Viene el Conde Rodrigo que en el año 860 conquista Amaya. Los foramontanos, es decir los que abandonan los montes cantábricos buscando a España su pan y su vino y su libertad, se establecen en aldeas sencillas, en las grandes extensiones de la Bureba, los Páramos y los ríos mesetarios. La obra la continúa don Diego, hijo de don Rodrigo, fundando en el 884 la ciudad de Burgos que cierra las defensas por el Oriente. Mientras tanto el Conde Nuño Núñez asienta con firmeza la villa y castillo de Castrojeriz.
Un día se presentaron en Villadiego -es una
hipótesis- un grupo de familias al buen Conde Diego. Venían de
las montañas, de las Asturias de Santillana y buscaban un puesto bajo
el sol para asentarse, colonizar la tierra y sumarse a los ideales de la joven
Castilla que a todos recibía y trataba por igual. Los dirigían
dos personajes caracterizados: Egas y Mauronta. El Conde les asignó un
sector, una legua más abajo de Villadiego, sin salirse de las orillas
del Brullés. Las familias se asentaron en amigable cercanía y
se aplicaron a amojonar sus términos, a reunir materiales endebles, barro
y ramajes para levantar sus chozas, para construir un templo rural y alzar una
torre en la que un hombre estaría atento por si venían los temidos
árabes. Al acabar sus labores y señalar las tierras del común
y las tierras familiares, habían nacido dos nuevas Villas: VILLEGAS (Villa
de Egas) y VILLAMORÓN (Villa de Mauronte)
Pero no estaban solos los alegres vecinos de VILLEGAS y VILLAMORÓN. Otras familias se estaban instalando en los pagos cercanos y pronto en el actual término de VILLEGAS, de más de 2.400 hectáreas, habían brotado otras cuatro Villas, con los mismo propósitos de servir a Castilla.
Sabemos por tradición oral que junto al manantial de FUENTECABEZA, a 2.200 metros al Oeste Noroeste de VILLEGAS existió un poblado con este nombre.
Al otro extremo, al Sur Soroeste a una distancia de un kilómetro y medio se alzó el pueblo de PILILLA (diminutivo de pila), pueblo que está documentado en el Libro de Préstamos del obispado de Burgos, aunque con la pequeña cantidad de 6 maravedises, valor entonces de 60 corderos (año 1250).
Entre los caminos de Sasamón y de la Camposa, a 2.000 metros al Suroeste, entre los caminos de Sasamón y de La Camposa, a mitad de camino entre los dos, 500 metros después de su bifurcación. En este lugar se desarrolló el pueblo de SAN JUAN; en su favor hay argumentos arqueológicos; han aparecido diferentes restos, entre ellos el cementerio.
Por último, existió un cuarto pueblo a 1.200 metros al Sur Suroeste, a unos 300 metros al Sur Oeste de la actual ermita del Cristo de Villaux, cuyos restos se han encontrado entre el río y la carretera, llamado VILLAO o VILLA HUX, compareciente en el dicho Libro de Préstamos con sólo ocho maravedises; también aparece en el Archivo del Real Monasterio de las Huelgas de Burgos en 1242 (29 de Diciembre) como Villabo y 1261 (9 de Diciembre) como Villaoffo, topónimo compuesto de villa y un nombre personal.
Estos pueblos desaparecen a principios del siglo XIV y VILLEGAS resulta ser heredero de los mismos. Las tierras y los hombres de estos lugares borrados siguen viviendo en VILLEGAS.
El Fuero de Castrojeriz (año 974) cita a Villegas como Quintanilla de
Villegas, cuando recoge la “diligencia” con que los Infanzones de
Castro acuden a recuperar sus rebaños robados: “Fuimos contra Quintanilla
de Villegas, nos lanzamos contra la villa y sus moradas y nos llevamos nuestro
ganado y el suyo”
Los poblamientos que se forman son pequeños núcleos familiares que buscan un equilibrio entre la agricultura y la ganadería. En un primer círculo, están formados por las viviendas familiares rodeadas de pequeños huertos; en un segundo círculo exterior encontramos el bosque de aprovechamiento común, y el espacio agrícola de la comunidad o terrazgo cultivable. La construcción del templo, patrocinado por el señor o promovido por la comunidad, proporciona individualidad a la aldea.
La vida cotidiana en
un pueblo medieval como Villegas se caracteriza por la profunda inserción
del ser humano en la naturaleza. La identificación con el medio rural
era plena, lo que se traducía en un conocimiento profundo e inmediato
de los árboles o del canto de los pájaros, pero también
en la presencia cotidiana de la austeridad más absoluta e incluso de
la miseria. Aquel era un mundo descarnado, de olores fuertes y sabores penetrantes,
inerme ante los contrastes del frío y del calor, pero, a la vez, paralizado
cuando se extendía el manto de la noche.
El referente máximo para la medida del tiempo era el firmamento, y, ante
todo, el astro rey, el sol. Ahora bien, en la baja Edad Media se añadió
otro elemento de índole cultural para la medición del tiempo:
las campanas. A la regulación natural de la actividad humana, a tenor
de la salida y puesta del sol, se sumó la contabilización del
tiempo por parte de los eclesiásticos con vistas a la distribución
racional de sus oraciones. Pero, a su vez, las campanas servían también
para que los laicos articularan el ritmo de su vida y sus trabajos. Es lo que
Jacques le Goff ha denominado el “tiempo de Dios” y el “tiempo
de los hombres”.
El eje pan-vino constituía el fundamento de su alimentación. El resto era simplemente el “companagium”, es decir, lo que acompañaba al pan, ya se tratara de carne, pescado, vegetales, huevos, grasas o especias, esquema que variaba de acuerdo con las posibilidades económicas de cada familia.
Y, sobre todo, la cotidianidad de la muerte. Existía un “tiempo de la muerte”, que comprendía desde el fallecimiento de un ser humano hasta su entierro. Ese “tiempo de la muerte” se iniciaba con la vela del cadáver y seguía con la procesión fúnebre, auténtico “teatro de la muerte”. El color blanco era el luto del común y el negro era el luto de los nobles2.
Villegas desde los siglos medievales a la época contemporánea, como el resto de la comarca del margen izquierdo del Pisuerga, fue un pueblo eminentemente agrícola. El sistema de cultivo era de año y vez o a tercer año, porque se dejaba la tierra en barbecho un año de cada dos y sólo se volvía a sembrar al tercer año.
Su producción por antonomasia era el trigo, seguido de la cebada, el centeno y la avena. En menor cantidad, poco más que para la alimentación familiar, se sembraban alubias, garbanzos, lentejas y algunas hortalizas, así como yeros, arbejas y titos.
El vino era otro de los productos elaborados que tenía su importancia en Villegas, aunque se caracterizaba por la escasa cantidad y calidad de sus caldos. De todos los frutos se pagaba diezmo.
El vocablo diezmo significa la detracción que todos los agricultores hacían de sus productos agrarios a favor de la Iglesia, la cuál consistía generalmente en la décima parte de los mismos. La diezmación era en principio para todos. La Iglesia, después lo distribuía en tercias: para el obispo, para el cabildo diocesano y para el clero local. El libro de tazmías era el padrón de los diezmos.
En el caso concreto de Villegas, los vecinos pagaban el diezmo y las primicias a la iglesia de Santa Eugenia, además de contribuciones extraordinarias impuestas por la coyuntura bélica, como ocurre cuando Juan II en 1422 impone a todas las iglesias de la diócesis el pago de dineros para la guerra contra los moros. La iglesia de Santa Eugenia aporta de manos de Juan García, Pedro Martínez y Gonzalo Fernández, curas y mayordomo de la iglesia, la cantidad de seis marcos de plata3.
D) EL SEÑORÍO DE VILLEGAS:
El lugar de Villegas, en la merindad de Castrojeriz y Candemuño, fue de behetría, y allí toma origen la familia Villegas, noble ya en el siglo XIII y protegida por los monarcas castellanos.
En nuestra zona, en las villas de Sandoval, Villegas, Grijalba y Padilla dominan sus respectivos linajes, los cuales tienen una proyección más allá de lo local.
Las behetrías de linaje, que el Libro Becerro de las Behetrías denomina también “behetría entre parientes”, es un sistema de relación feudal según el cuál los vasallos elegían a su señor entre los miembros de un linaje parental; en el caso de Villegas los Ruiz de Villegas (escogían entre los miembros de esta familia: Pedro ruiz, Juan Ruiz, Gonzalo González, Sancho Ruiz y Juan Rodríguez al señor que querían), de forma “que cada vno de los vezinos se podía tornar de qualquier destos e que no se podían tornar de otro sennor”
De estos Villegas derivan las ramas castellana y cántabra del apelllido.
Pagaban esotos vasallos al rey martiniega (tributo que se pagaba por San Martín) y servicios y monedas.
Al señor daban por infurción (canon que toda familia tenía que pagar por ocupar un solar cuya propiedad correspondía al señor), el que tenía una pareja de bueyes un cuarto de fanega de trigo y una cántara de vino; el que sólo tenía un buey, la mitad; y el que no tenía bueyes, una gallina4.
Villegas y Villamorón es probable que pertenecieran al ALFOZ DE HORMAZA. En el año 1237 parece ser que existía en la villa que hoy llamamos Las Hormazas un castillo que era cabeza de un alfoz. Parece que el territorio de este alfoz no rebasó los límites de la merindad de Castrojeriz en la quedó incluida en la segunda mitad del siglo XIII. Este supuesto alfoz de Hormaza se hallaba comprendido entre los alfoces de Castrojeriz y Treviño por el Oeste y el alfoz de Mansilla por el Este.
VILLAMORÓN recibe un floreciente siglo XII. A esta conclusión se llega cuando contemplamos su magnífica iglesia dedicada al apóstol Santiago. Es una iglesia de arte románico con tantas originalidades que ha merecido estudios detenidos por parte de los especialistas, que la han analizado en todos sus contenidos. Los vecinos de VILLAMORÓN se aventuraron a levantar una hermosa iglesia, forzosamente para que les sirviera en su necesidad de espacio para el culto, sobre la primitiva iglesia de la Repoblación. En el siglo XIII hallamos a VILLAMORÓN en el Libro de Préstamos del obispado con 42 maravedises, lo que puede significar que la Villa contaría con 40 vecinos.
Mayor población debía tener VILLEGAS, pues en el citado documento leemos 50 maravedises como valor de su préstamo, con un valor semejante a un rebaño de 500 ovejas. El dinamismo de su gente lo apreciamos también en su topónimo –VILLEGAS- que pasa a ser apellido de creciente notoriedad en la Historia de España. Los VILLEGAS repiten su apellido en el ámbito eclesiástico y en el político, aunque a veces sus poseedores descienden de las Montañas de Burgos, como se llamaba antiguamente a las alturas cantábricas.
En efecto, en el siglo XIV nos topamos con los RUIZ DE VILLEGAS. Esta familia aparece actuante, tanto en VILLEGAS como en VILLAMORÓN, en el tema de las llamadas Behetrías. Era este un privilegio que tenían la mayoría de las Villas castellanas de elegir un Benefactor, una especie de protector que, a cambio de algún estipendio, les defendiera de las posibles agresiones de nobles, funcionarios u otros personajes. Había Behetrías de “mar a mar”, es decir, que se podía elegir como Benefactor a cualquier ciudadano; las había “cerradas” a un linaje o a un solar. Este parece era el caso de nuestra Villa. Se advierte que los vecinos eran los electores y también quienes podían destituir al Benefactor cuando quisieran, si no cumplía como esperaban.
En el Libro de Behetrías, del año 1350, tenemos las fichas de VILLEGAS y de VILLAMORÓN que en esto parece que estaban separados. En esta fecha, era Benefactor de VILLEGAS, Pedro RUIZ DE VILLEGAS, quien recibía de los vecinos un premio según su capacidad agrícola: El que tenía un par de bueyes pagaba tres celemines de pan mediado (mitad de trigo y mitad de cebada) y una cántara de vino; quien sólo tenía un buey, la mitad y el que carecía de animales de labranza, entregaba una gallina. Esto era por la llamada “infurción”, una especie de impuesto de solares. Los vecinos de VILLEGAS pagaban al rey 280 maravedises por San Martín y además los impuestos de moneda y servicios, datos ya señalados anteriormente.
Los vecinos de VILLAMORÓN parece que tenían por Benefactor a Sancho RUIZ DE VILLEGAS que percibía, según el baremo de bueyes de labranza, 12 celemines de pan mediado y dos maravedises y los que sólo tenían un buey o ninguno, pagaban 3 celemines de cebada y un maravedí. Al rey también le pagaban la martiniega que aquí ascendía a 90 maravedises, y servicios y monedas. El maravedí de 1350 ya no era tan fuerte como el de 1250, que se traducía por 10 cabezas lanares; ahora representa el valor de una gallina. También en la Edad Media se desvalorizaban las monedas.
E) EDAD MODERNA: SIGLO XVI.
Durante siglos la vida transcurrió pacífica en VILLEGAS y VILLAMORÓN. El ritmo de las cosechas comenzaba en otoño tras guardar el pan, el vino y preparar la nueva sementera y la matanza. Se podaban las vides y se pasaba el invierno con sus hielos y nieves. La primavera renovaba la vida, se escarchaban los cereales hasta que se empuñaban las hoces de cara al verano. Las fiestas religiosas de las Pascuas y Santa Eugenia y del Señor Santiago eran descansos en el camino; nacimientos, bodas y bautizos se guardaban en la memoria. Las campanas parroquiales regulaban la vida, de los vivos, de los difuntos y de los animales. El campanero tenía mucho que hacer y los señores curas miraban al cielo para que fuera propicio en aguas, nubes, escarchas, heladas y rayos; para ellos hizo el Concejo un conjuradero de los más originales de la Tierra de Burgos.
Desde mediados del siglo XV hasta pasada la primera mitad del siglo XVI es la época de prosperidad de Villegas.
Sobre la base de una anterior iglesia románica, de la que queda una maravillosa pila bautismal, se ha levantado la fastuosa iglesia de Santa Eugenia.
Santa Eugenia, la santa de Alejandría del siglo IV después de Cristo, es hija del prefecto Felipe, y padece martirio con dos de sus criados, llamados Proto y Jacinto, después de haber vivido disfrazada de fraile en un convento masculino para encubrir su vocación religiosa.
Según la leyenda, enamorada de ella una matrona romana que la cree un mancebo, la Santa debe demostrar de forma expedita (desabrochándose la ropa) ante el juez que es mujer. Luego será decapitada, pero conseguiría la conversión de su padre, Felipe, luego obispo de la ciudad y santo, San Felipe.
Delante del templo se ve el balcón del conjuradero, edificio venerable que fue sede del concejo, adornado con los escudos de España. Desde él se conjuraban las tormentas en tiempos en que del buen resultado del ciclo agrícola dependía el sustento de muchas familias.
El templo de Santa Eugenia es un original templo fortaleza, único en su género, con matacán sobre la entrada principal, que fue elevado desde los arcos torales de la nave central, abriendo fenestras o ventanas de tracerías y dotándole de capilla mayor con ábside poligonal. Al mismo tiempo se erigió el coro alto sobre bóveda muy rebajada, cerrándolo con vistoso antepecho calado y dos tribunas, que arrancan de dos ménsulas con bustos de profetas de la antigua Ley.
Coetánea es la torre del campanario, con un cuerpo alto provisto de dobles troneras, contemplado con tracerías y agujas de estilo gótico5.
En la iglesia trabajarán, en su magnífico retablo, Domingo de Amberes, vecino de Burgos en 1560, que después se instaló en Sasamón, trabajando en Mahamud, Villegas e Isar, entre otros pueblos6.
Domingo de Amberes pudo ser el ensamblador y Juan de Esparza el escultor del retablo del altar mayor. Según Alberto Ibáñez, consta de banco, tres cuerpos y un calvario en el remate, con tres calles y, a cada lado, dos entrecalles unidas, formando ángulo con la parte central para adaptarse al espacio poligonal del presbiterio.
El gran cuerpo central es de gran claridad compositiva, con las imágenes exentas de Santa Eugenia y de la Asunción de la Virgen, en la calle central, y escenas de relieve, en las calles laterales, con episodios de la vida y martirio de Santa Eugenia en el primer cuerpo, y de la vida de la Virgen en el segundo cuerpo.
Es similar al de Tórtoles de Esgueva y se sabe que estaba terminado en 1571, cuando se toma censo de 100 ducados para pagar al artista.
El retablo se dedica a la titular de la iglesia, Santa Eugenia, cuya imagen en el encasamiento central es, sin duda, la de menos categoría del conjunto, acaso debido a la carencia de un modelo en el que inspirarse7.
Hacia 1544 se inicia la talla de la custodia de Villegas, de Alonso de la Hoz, compuesta de basa, templete y ostensorio.
En 1572, Bernardino de Nápoles y Francisco Ruiz de Vivar, que habían contratado hacer una cruz para la iglesia de Santa Eugenia y no habían cumplido el plazo de entrega, se obligan a entregarla con nuevo término para el día de San Andrés de ese año.
Lesmes Fernández del Moral es el autor de la cruz de Villamorón, hacia 1592, que se dice de tal valor que durante la invasión francesa fue escondida por los parroquianos en una charca cercana.
Con estas actuaciones concluye la época dorada de Villegas, tanto en el aspecto económico, como en el arquitectónico y cultural.
F) ÉPOCA MODERNA: SIGLO XVII.
Desde principios del siglo XVII se acusa un descenso sostenido en los índices
de producción de la comarca, jalonado todo ello por una serie continuada
de malas cosechas.
¿Qué pudo provocar esta depresión económica que duró más de un siglo? Se dan una serie de causas tanto endógenas como exógenas que afectan a la economía castellana y a la comarcal , y de Villegas en particular.
1. Problemas endógenos o internos:
• La expansión agrícola anterior basada en el cultivo de tierras marginales, sin mejora técnica alguna, llevó a un agotamiento de la tierra y a un descenso de los rendimientos, a lo que habría que añadir la incidencia de la baja calidad de estos suelos, pobres en materia orgánica8.
• Las hambres y las epidemias, que daban lugar a periódicas crisis de mortalidad capaces de anular excedentes demográficos acumulados durante los años normales y de comprometer seriamente las posibilidades de crecimiento de la población. Entre 1696 y 1602 una terrible epidemia de peste bubónica (peste caracterizada por grandes tumores en diferentes partes del cuerpo y que casi siempre produce la muerte) asoló amplias zonas de la Corona de Castilla y en concreto de las tierras de Castrojeriz, Melgar y Villadiego9.
• De nuevo el hambre y las epidemias hicieron estragos en la población burgalesa entre 1629 y 1631. Una plaga de langosta asoló los campos de la región, perdiéndose prácticamente la totalidad de las cosechas de esos años.
• Algo más tarde, entre 1650 y 1651, otra plaga de langosta arruinó las cosechas y el pan escaseó, alcanzando el que llegaba a los mercados muy altos precios, hasta el punto de hacerse prohibitivo para amplios sectores de la población.
• El pan también faltó y se encareció entre los años 1659-1661 y 1668-166910.
• Todavía en 1853 los frailes de San Esteban de los Olmos reciben de Villegas 300 reales de limosna por haber atendido al pueblo durante la epidemia de cólera que afectó a Villegas11.
• En Villegas había carnicería que vendía carne de vaca de San Juan a fin de agosto; de oveja de San Miguel a fin de noviembre y de cordero todo el año, pero esta estacionalidad en el consumo obedecía a la necesidad de dar de comer a los segadores y vendimiadores; en el resto del año se pasaba con cerdo y cecina12.
2. Problemas exógenos o externos:
Los males de Castilla que tan directamente repercuten en pueblos como Villegas no proceden sólo de la agricultura.
• A menudo vienen de arriba, de una política internacional acorde con los intereses de los Habsburgo en Europa, que llevó a España a la derrota de Rocroi y a un nuevo orden europeo, tras la Paz de Westfalia, en que España quedó relegada a la categoría de potencia de segundo orden.
• La venta de tierras baldías y concejiles contribuyó, además, a agravar la situación. Estas tierras de uso común, propiedad de las villas, fueron expropiadas por la monarquía en concepto de bien público y subastadas sistemáticamente al mejor postor.
• El aumento de la presión fiscal, debido a la revisión al alza de los encabezamientos de las alcabalas (tributo del tanto por ciento del precio que pagaba al fisco el vendedor en el contrato de compraventa y ambos contratantes en el de permuta) y al nuevo impuesto de los millones, tributo indirecto que gravaba productos de amplio consumo popular como el vino, el aceite o el jabón, en forma de sisa.
G) ÉPOCA MODERNA: SIGLO XVIII.
Más o menos, los habitantes que sospechamos tenían VILLEGAS y VILLAMORÓN a finales del siglo XVI, cuando ya los dos poblados formaban una sola administración, son: 99 vecinos que serían unos 500 habitantes. Los mismos y siete más contaban en 1752: 106, incluyendo a dos viudas como un vecino. El censo daba 97 vecinos y 18 viudas con casa propia y abierta.
Para conocer Villegas en el siglo XVIII se hace imprescindible acudir al Catastro de Ensenada (1752-1753). El Señor Marqués de Ensenada fue ministro de Fernando VI.
Con este Catastro se pretende conocer la riqueza del país y modificar el sistema fiscal para hacerlo universal y equitativo.
Un objetivo lejano era el conocimiento del territorio, la elaboración de una cartografía básica y de mapas fiables, el conocimiento de la red de caminos, la estructura de la propiedad, el conocimiento de la red de caminos, la estructura de la propiedad, el conocimiento de las haciendas locales, la forma de hacer contribuir a la Iglesia, la recuperación de lo enajenado a la Corona, y sustituir, en definitiva, un entramado de impuestos por una única contribución a la que quedasen sujetos todos los individuos, cualquiera que fuese su estamento o carácter.
El objetivo inmediato consistía en averiguar la riqueza total de la Corona a partir de la investigación de la riqueza de cada uno de sus habitantes, ya fuesen personas físicas o jurídicas. Una vez evaluada, calcular el porcentaje de la misma con el que el Estado podría hacer frente a sus necesidades. Una vez calculado (se estimó el 5 %), cada uno contribuiría anualmente con ese tanto por ciento de su riqueza.
El objeto de esta investigación se dividía en ramos:
• Real: bienes
inmuebles, muebles y semovientes (ganado de cualquier especie).
• Industrial: en sentido muy amplio: artesanos, profesionales liberales
y comercio.
• Personal: rendimientos del trabajo.
Del estudio del Catastro de Ensenada se desprende un gran valor historiográfico:
Toda esta información constituye una base de datos importantísima como fuente para la investigación actual en muy diversos aspectos, como:
• Demografía: datos completos e incompletos, pirámides de población, vecinos e individuos, población activa, tasa de viudedad, etc.
• Agraria: sistemas de cultivo, rendimientos, mapas de cultivos, medidas agrarias, masas forestales, baldíos, regadíos, producción de frutos, ganados según especies; distribución bueyes/mulas; actividad campesina; industrias de aperos y derivados; reconstrucción parcelaria, estructura de la propiedad y de las explotaciones.
• Industrial: distribución de artesanos, batanes, molinos, fábricas, herrerías, carpinterías, población activa industrial.
• Urbana: reconstrucción del caserío, áreas funcionales,
redes urbanas, especializaciones, régimen de propiedad/arrendamiento,
integración casa/trabajo, análisis de la casa rural, huertos y
herrenes, etc.
• Transporte: caminos de carretas y de herradura veredas, dehesas para la invernada, mesones, correos, tráfico de productos, carreteros y arrieros, cañadas, puentes y barcazas.
• Económica y social: capitalización y endeudamiento; censo y foros, precios y salarios, niveles de autoconsumo, comercio, interés del dinero, economía dual, dineraria y en especie, las ferias, los derechos de señorío, la estructura económica y la distribución de la renta.
Procedimiento empleado para hacer el censo:
En el caso de los vecinos cabezas de familia, cada vecino redacta un memorial o declaración jurada haciendo constar sus datos personales, todos y cada uno de sus bienes, bien por sí mismo o bien por un representante o administrador.
El concejo de la villa redacta así mismo un memorial de sus pertenencias (bienes de propios, derechos enajenados, fiel medidor, sisas, derechos de portazgo o pontazgo, derechos de ferias o mercados). Además sus capitulares (alcalde o alcaldes, regidores y procuradores del común), unidos a varios peritos designados a tal efecto, debían responder al interrogatorio, dando lugar a las respuestas generales.
Por último debía presentar certificado de sus ingresos o gastos, entre ellos de los censos contraídos.
La Iglesia y los eclesiásticos:
Cada institución religiosa o personal individual, en el caso del clero secular, elaboraba también su memorial. Si un mismo clérigo disfrutaba de beneficios o prebendas, debía realizar un memorial con sus propios bienes (patrimoniales) y tantos más cuantos beneficios disfrutase (capellanías).
El párroco de cada lugar debía además proporcionar certificación de diezmos (tazmías) del último quinquenio, detallando los frutos y el reparto entre los beneficiarios.
Dicha certificación debería contener separados los frutos mayores, los menores, los de ganado, los menudos, las primicias, así como datos de sacas y mejoras.
Con el conjunto de la información anterior y tras el reconocimiento y verificación de los peritos se confeccionaban los libros de lo real o libros de haciendas, el libro registro, los libros maestros, los libros de lo raíz, los libros de los cabezas de casa o libros de famillias o de personal, etc.
Por último, toda esta documentación se transfería a la Contaduría Principal de Rentas.
Elaboración del Catastro en Villegas:
El procedimiento se abre en Villegas el 5 de febrero de 1753 con la designación de peritos. Comparece, en efecto, ante el juez subdelegado, Jerónimo Gutiérrez de Salamanca, regidor perpetuo de la ciudad de Burgos, el alcalde de Villegas, Joseph Rodríguez, y manifiesta que ha nombrado por peritos a Francisco Ruiz Gutiérrez, Francisco Martínez Martínez, Joseph Díez Martínez y Marcos Martínez, estando presente don Joseph Ruiz y con el alcalde presente los regidos Miguel Ruiz Pardo, Fernando Díez Martínez y Domingo Martínez, además del prior síndico general Andrés Serrano.
Por fortuna, se hizo en nuestra Villa, resultando ese Catastro la mejor fuente de conocimientos para conocer a todos y cada uno de sus vecinos. Un breve resumen nos ayudará a entender la naturaleza e idiosincrasia de VILLEGAS y su Barrio:
- Se reconoce que VILLEGAS y VILLAMORÓN son una Villa con dos barrios, pero con la misma jurisdicción, encabezamientos fiscales, comunidad de pastos, leñas, aguas, etc. Y son de carácter de realengo. No hay por medio ni señorío secular ni eclesiástico.
- El término tiene cuatro leguas y cuatro de contorno y harían falta cinco horas para recorrerlo.
- En su mayor parte corresponde al secano.
- Se mide por fanegas castellanas de 12 celemines.
- Los viñedos se miden por cuarterones, medios y obreros; un obrero son 100 cepas.
- Se siembra y recoge trigo, lino, cebada, morcajo (mezcla de trigo y centeno), avena, centeno, yeros, legumbres, además de miel, cera, vno y hierba.
- Se crían todos los animales domésticos, incluidos los pavos, que valen 5 reales por unidad, el salario de dos días y medio de un jornalero.
- Los precios no son altos:
- Una Fanega de trigo ………… 15 reales
- Una arroba de lana ………… 27 reales
- Un cordero …………………. 7 reales
- Una cántara de vino ……….. 3,5 reales
- Los vecinos de VILLEGAS no se morían de hambre y menos de sed. El cronista
ha realizado una valoración a través de los diezmos, de una cosecha
de la Villa, resultando una renta por vecino de más de 850 reales-año,
cifra que para sí hubieran querido la mayoría de los pueblos de
la España de 1752.
- De los diezmos se hacen tres partes: una para la catedral de Burgos; otra para la iglesia de este pueblo; y de la otra se hacen tres divisiones: dos se lleva el rey y la tercera la fábrica de la iglesia de Santa Eugenia. En Vilamorón también se hacen tres partes: una entera para el clero de la iglesia de Santiago; otra para el Hospital de San Juan de Burgos y la tercera, también dividida en tres partes, dos para el rey y la última para la fábrica de la iglesia de Santiago.
- En VILLEGAS:
- funcionaban entonces tres molinos de una rueda en el Brullés, con los nombres de Sotillo, Villalao o Villalibado y los Clérigos.
- hay en el pueblo 59 colmenas y se recrían ganados, según hemos señalado.
- hay cirujano, escribano, maestro de niños, herrero, zapatero, seis sastres, un guarde de campo, otro guarda de ganado vacuno y otro de ganado mayor.
- hay una taberna que renta al Concejo 360 reales y una tienda que le cotiza 50 reales
- hay 31 jornaleros, 3 pobres de solemnidad, 5 curas beneficiados enteros en Santa Eugenia, además de un racionero. En la iglesia de Santiago, un beneficiario entero y un medio racionero.
- están registrados 40 labradores y 29 criados y pastores.
- la Villa compró a la Hacienda Real el que llamaban Cuarto de Fiel Medidor (de vinos) que arrendaba el Concejo por 200 reales al año. Mucho vino medía el tal Fiel
--Al Médico 70
fanegas de trigo, es decir, 1.050 reales
--Al escribano 94 fanegas de trigo, es decir, 1.400 reales
--Al herrero 40 fanegas de trigo + 150 reales
- la Villa padece un censo de 30.000 reales que prestó una dama que vivía precisamente en Cortiguera, cerca de Sedano. El interés era bajo: al 2,5 %. Total, 750 reales al año.
- en los dos barrios había zapatero, sastre, guardas de campo, pastores, 7 sacerdotes que atendían las dos iglesias y tres pobres de solemnidad.
En este siglo XVIII se construyeron en la iglesia de Santa Eugenia, los retablos siguientes:
• La Inmaculada,
de estilo churrigueresco, hacia 1710-1720.
• San Fabián y San Sebastián, ejecutado en 1755.
• Nuestra Señora del Rosario, hacia 1760-1770.
• Santo Cristo, hacia 177013.
Todavía a finales de este siglo el monasterio de San Juan de Burgos posee en Villegas y en Villamorón 41 tierras (de ellas tres prados), que con otras de Olmos de la Picaza y de Villanoño le rentan 71 fanegas14.
H) EDAD CONTEMPORÁNEA
La paz y el orden se turbaron con la Guerra de la Independencia contra Napoleón, emperador de Francia (1808) y con las Guerras Carlistas (1833).
La Guerra de la Independencia:
Tras la invasión francesa de 1808, el mariscal Bessières es el gobernador militar de Burgos, Domingo Blanco Salcedo el Intendente provincial y el capitán Delitre aparece como comandante de la plaza de Sasamón, desde la cuál el ejército invasor controla toda la comarca.
La ocupación francesa resulta penosa para los 78 pueblos que conforman el partido dependiente de Sasamón. Les obligan al aprovisionamiento de trigo, avena, cebada, leña, aceite, paja, etc., lo cuál supone repetidas quejas de los vecinos, como ocurre cuando Martín Varona, de Tarragosa, se queja de las imposiciones hechas a los pueblos de Tarragosa, Santa María Ananúñez, Valtierrra y Rezmondo.
O cuando Tomás de Posadas, vecino de Villanoño se lamenta port ener que entregar pan, paja y hierba a los franceses.15
José Velasco, alcalde de Olmillos, se queja por tener que ayudar al paso de las tropas francesas con 1.400 reales de los censos, además de pan, forraje, etc., para el ejército.16
Otro tanto, sin duda, sucedería en Villegas.
Transcurridos cuatro años de ocupación, hacia 1812, se desarrollarían por estas tierras las revueltas y algaradas de la guerrilla, a cargo de Mendizábal, Padilla, Pinto, Campillo, Salazar y Longa, que ayudaron a desalojar al francés un año más tarde, aunque fuera a costa, como en Sasamón, de saqueos, destrucciones e incendios.
Las Guerras Carlistas:
Afortunadamente no hubo actividades guerrilleras en nuestra zona. Contra los carlistas, el gobierno isabelino había organizado la milicia urbana o nacional, que se transformaba en el baluarte defensivo del régimen liberal en cada pueblo y en cada ciudad.
El jefe político –hoy Subdelegado de Gobierno- de la provincia utilizó eficazmente a la milicia nacional, al menos en su aspecto preventivo, ya que no hubo lugar a alternativa distinta, salvo la alarma que provocó en la comarca el anuncio de la venida de la expedición del general carlista Gómez, que no se llevó a efecto por nuestras tierras.
A mediados de siglo –1845-50- se confecciona el estudio histórico-geográfico que Pascual Madoz lleva a cabo de todas las provincias españolas. Sagún Madoz, en esas fechas, Villegas tenía 160 casas, escuela, iglesia (ésta de Santa Eugenia), tres curas y un medio racionero Villamorón, en la iglesia de Santiago, un cura y un beneficiado.
La población de ambos pueblos era de 88 vecinos, con 316 habitantes.
De hecho, al acabar la primera de ésta, VILLEGAS reúne 316 habitantes. Se reconoce su buen campo y se mantiene la calidad de sus cosechas. Hay incluso, una escuela de niños-as que sostiene el Concejo, que contribuye a los cargos del Estado con 10.688 reales. En 1900, los habitantes han subido a 528 y en 1950 a 476 en VILLEGAS y 149 en VILLAMORÓN. Total 625 habitantes en los dos barrios que, en la segunda mitad del siglo XX fueron testigos del total vuelco que dio el campo español por las razones económicas y sociales que conocemos.
En el ANUARIO publicado por el Editor D. Carlos Bailly-Baillière, en el año 1910, reinando D. Alfonso XIII, rey católico de España, nacido y proclamado el día 17 de Mayo de 1886, casado con Dª Victoria Eugenia el día 31 de Mayo de 1906, se indica lo siguiente referente a la villa de VILLEGAS:
Villa del Partido Judicial de Villadiego, de 446 habitantes, con Ayuntamiento de 671 habitantes, a 5 km de Villadiego. Estación más próxima Osorno, a 50 km. Produce cereales y ganados. Fiesta el 29 de Diciembre.
Algunos pueblos no resistieron la experiencia, pero VILLEGAS confirmó su voluntad de vivir en el mismo surco y en los mismos ideales del siglo IX: Dignidad de las personas, su igualdad legal, justicia, servicio, fe y sacrificio, cosas que tendrán valor en todas las circunstancias. Así se hizo Castilla y así se hizo grande y así se hizo España y, si Europa no se hace así, no resultará como deseamos.
Actualmente la población de VILLEGAS es de 125 habitantes censados, pasando esta población a ser de 350 habitantes durante el verano. El número de casas abiertas durante el verano asciende a 110.
VILLAMORÓN está deshabitado durante el invierno; en verano, únicamente residen dos o tres vecinos, que suponen cuatro o cinco habitantes.
En el siglo XIX, VILLEGAS debió tener un escudo cuyo sentido y cromática se desconocen. Se trataba de un escudo sencillo cargado con una especie de rueda de dieciséis flechas.
A petición del Ayuntamiento de Villegas, el escudo que ha propuesto el Cronista Oficial de la Provincia, Fray Valentín de la Cruz, es el siguiente:
“Es un escudo partido. Primero, de sinople cargado de sol naciente en plata y de cuatro surcos en oro. Segundo, de azur, arco románico de oro. Bordadura de gules cargada de seis torres de oro. Entado de plata en punta con onda de azur. Al timbre corona real cerrada”.
Vocabulario:
• Sinople: color verde. Significa la esmeralda, el planeta Mercurio, el azogue, el laurel, la siempreviva, el papagayo; en canto a las virtudes, la esperanza, la honza, la cortesía, la amistad, el respeto, …
• Azur: color azul. Simboliza al zafiro, al planeta Venus, al aire, al cero al álamo, a la violeta, al pavo real; igualmente, a la justicia, a la hermosura, a la virginidad, a la dulzura y a la lealtad.
• Gules: color rojo. Representa al rubí, al planeta Marte, al fuego, al cobre, al cedro, al clavel, al pelícano. Moralmente, se interpreta por caridad, valentía, magnanimidad, intrepidez, honor, furia y vencimiento de enemigos con sangre derramada.
• Plata: color blanco. Significa la perla, la luna, la azucena, la paloma, el lunes, la inocencia, la pureza, la verdad, la elocuencia, la templanza y, además de otras cosas hermosas, las victorias incruentas.
• Oro: representa al sol, al topacio, al león, al delfín, al gallo, al girasol y también a la justicia, a la clemencia, a la salud, a la alegría, a la larga vida, a la nobleza y al poder, …
• Torres: quieren decir constancia y generosidad en el servicio a la Patria a al Rey.
• Entado en punta: triángulo curvilíneo que tiene su base en la parte inferior del escudo y su vértice en el centro del mismo.
• Timbre: piezas que se ponen en la parte superior, exterior, del escudo.
De esta forma se representan con solemnidad: